Un buen aseo de nuestros dientes no se limita ni consiste solo en el cepillado, también recae en el uso del hilo dental dos veces al día como mínimo y aproximadamente por dos minutos.
Cada vez la gente cobra mayor conciencia por la salud bucal, sin embargo aun quedan muchas dudas sobre la limpieza y el cuidado de nuestras dentaduras, tales como la frecuencia o el modo de cómo realizarlo, entre otros aspectos.
Como sucede con los demás hábitos o costumbres, la infancia es el momento preciso en que se adquiere la higiene bucal la cual debe ser dirigida y controlada por los padres. Así como también la visita anual al dentista. O la limitación del consumo de azúcar que favorece a la duración de la dentadura natural.
En el cepillado se debe de usar dos minutos para el frotamiento de cada pieza dental, y repartir la tarea en tres pasos: cepillado, hilo dental y enjuague bucal.
A lo largo de la vida
Seis meses. Al aparecer la primera pieza dental aproximadamente cerca de los seis meses empieza también el cuidado. En esta edad no se necesita aun del cepillo ni del hilo dental, los dientes y las encías se limpian con una gasa húmeda luego del biberón o comer alimentos. A los dos años debe ser la primera visita al dentista para comprobar que la dentadura se desarrolle correctamente
Seis años. Ya en esta edad cuando los dientes de leche empiezan a caerse, debe de emplearse poca cantidad de pasta dental en un cepillo con cerdas suaves. Recae en los padres enseñar a sus hijos un cepillado correcto y concientizar sobre la higiene bucal.
Adolescencia. Ya cuando los hábitos de higiene bucal han sido adquiridos, es imprescindible cepillarse por lo menos dos veces al día. El uso del hilo dental también es necesario.
Adultez. No descuidar las revisiones periódicas del dentista, y mucho más al tratarse de personas mayores. Ya que la producción y secreción de saliva disminuye en esta etapa. Por lo que no se puede controlar el grado de acidez en la boca, ni tampoco controlar la aparición de placa bacteriana.
Los aliados de la higiene bucal
El cepillo. Tiene como función eliminar los restos de alimentos y las bacterias pero sin dañar el esmalte. Para mayor comodidad tiene que ser ergonómico, con mango antideslizante, cerdas suaves y cabeza pequeña para limpiar cualquier zona de la boca, en especial las muelas. Los que tengan dificultades en cepillarse pueden hacer uso de un cepillo eléctrico. Se cambia cada tres meses o cuando ya están estropeadas las cerdas.
Pasta dentífrica. Junto al cepillo acaba con la placa. Debe contener flúor y dosis pequeñas de abrasivos como la silica, u otros, que remueven las manchas.
Hilo o seda dental. Limpia entre los dientes, elimina la placa depositada en ese espacio así como debajo de la encía. Su acción se complementa con los enjuagues bucales, pero no sustituye al cepillado.
Cada vez la gente cobra mayor conciencia por la salud bucal, sin embargo aun quedan muchas dudas sobre la limpieza y el cuidado de nuestras dentaduras, tales como la frecuencia o el modo de cómo realizarlo, entre otros aspectos.
Como sucede con los demás hábitos o costumbres, la infancia es el momento preciso en que se adquiere la higiene bucal la cual debe ser dirigida y controlada por los padres. Así como también la visita anual al dentista. O la limitación del consumo de azúcar que favorece a la duración de la dentadura natural.
En el cepillado se debe de usar dos minutos para el frotamiento de cada pieza dental, y repartir la tarea en tres pasos: cepillado, hilo dental y enjuague bucal.
A lo largo de la vida
Seis meses. Al aparecer la primera pieza dental aproximadamente cerca de los seis meses empieza también el cuidado. En esta edad no se necesita aun del cepillo ni del hilo dental, los dientes y las encías se limpian con una gasa húmeda luego del biberón o comer alimentos. A los dos años debe ser la primera visita al dentista para comprobar que la dentadura se desarrolle correctamente
Seis años. Ya en esta edad cuando los dientes de leche empiezan a caerse, debe de emplearse poca cantidad de pasta dental en un cepillo con cerdas suaves. Recae en los padres enseñar a sus hijos un cepillado correcto y concientizar sobre la higiene bucal.
Adolescencia. Ya cuando los hábitos de higiene bucal han sido adquiridos, es imprescindible cepillarse por lo menos dos veces al día. El uso del hilo dental también es necesario.
Adultez. No descuidar las revisiones periódicas del dentista, y mucho más al tratarse de personas mayores. Ya que la producción y secreción de saliva disminuye en esta etapa. Por lo que no se puede controlar el grado de acidez en la boca, ni tampoco controlar la aparición de placa bacteriana.
Los aliados de la higiene bucal
El cepillo. Tiene como función eliminar los restos de alimentos y las bacterias pero sin dañar el esmalte. Para mayor comodidad tiene que ser ergonómico, con mango antideslizante, cerdas suaves y cabeza pequeña para limpiar cualquier zona de la boca, en especial las muelas. Los que tengan dificultades en cepillarse pueden hacer uso de un cepillo eléctrico. Se cambia cada tres meses o cuando ya están estropeadas las cerdas.
Pasta dentífrica. Junto al cepillo acaba con la placa. Debe contener flúor y dosis pequeñas de abrasivos como la silica, u otros, que remueven las manchas.
Hilo o seda dental. Limpia entre los dientes, elimina la placa depositada en ese espacio así como debajo de la encía. Su acción se complementa con los enjuagues bucales, pero no sustituye al cepillado.
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